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La maldición de una pesadilla

February 27th, 2010 at 15:08 |
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EramisEramis Cruz

Puedo decir que no me tocó vivir la era de Trujillo, comenzaba la escuela en el año que lo asesinaron. Pero de la desgracia trujillista no se escapaba nadie, ni siquiera los niños. Esto viene al caso ahora por la puesta en circulación de un libro de Angelita Trujillo titulado “Trujillo, mi Padre”.TRUJILLO

En su obra ella trata infructuosamente de limpiar el basurero sangriento de su padre. Tal vez los dominicanos pensamos equivocadamente que ese fantasma ya había desaparecido de nuestras vidas y que restaban las películas, los análisis y las novelas como la Fiesta del Chivo. Ciertamente no hay más ciego que aquel que no quiere ver. La hija de esa maldita pesadilla no hace más que hundirse en el fango asqueroso del destino de su familia con esa publicación nefasta. ¿Hasta donde es capaz de llegar el ser humano? Hay gente que en verdad cree que es posible engañar al pueblo todo el tiempo, inclusive después de cincuenta años, porque si veinte años no es nada, creo que cincuenta vale la pena para distinguir el día de la noche. La mujer, igual que su padre, hijo de gato caza ratón, intenta ilusoriamente de salvar su linaje, distorsionando la historia.

Y es que no sólo se trata de la era de Trujillo, no solamente se trata de una de las dictaduras más crueles, sangrientas y despiadadas del mundo, se trata también y sobre todo, de las consecuencias derivada de esa gran vergüenza del pueblo dominicano. La ocupación norteamericana de 1965 para contrarrestar la Revolución de Abril, en la que tantos dominicanos murieron, y la manera como se persiguió y se asesinó a los valientes protagonistas de ese levantamiento patriótico y legitimo, no tiene otro origen que la dictadura de treinta años de Rafael Leónidas Trujillo Molina.

No se puede pasar por alto que los doce años de la dictadura ilustrada del Doctor Joaquín Balaguer durante los cuales se dieron múltiples y conflictivas manifestaciones de obreros y estudiantes, huelgas reclamando bajar el alto costo de vida, el arreglos de las calles, el aumento del presupuesto de Universidad de Santo Domingo, la libertad de los presos políticos, no fueron sino consecuencia directa de un pueblo sometido a una condición de esclavo, porque la vida no valía nada al menos que uno fuera cómplice del silencio.

El padre de Angelita Trujillo nunca podrá despojarse de esa sombra siniestra, ni de esa mascara mortal que cubrió su rostro desfigurado. Trabajó con lujo de detalle los capítulos de su historia, una labor innecesaria, porque esa historia diabólica, ya quedó escrita en las páginas de los hombres y mujeres de todo un país.

Cuando mucha gente creía que los libros iban a desaparecer para dar lugar a los artefactos digitales y las páginas en el internet, sorprendentemente los libros están de moda. El que no puede escribir uno, paga a alguien para que lo haga. En los estantes de las librerías son notables las más hermosas portadas a colores y brillantes con los nombres de autores diversos. Trujillo y su era, esa maldita pesadilla, viene a ser tema en auge inclusive a nivel internacional. Pero el libro de Angelita Trujillo o mejor dicho, María de los Ángeles del Sagrado Corazón, llega tarde, pero muy tarde. Esa tardanza no es del tiempo, sino es una tardanza moral. Solamente la verdad es capaz de liberar a los hombres, escribir mentiras, tratar de tergiversar los hechos o pasar culpas a quienes por el contrario fueron víctimas, simplemente es un descaro imperdonable.

Volviendo al principio, cuando yo era un niño, unos años antes de la muerte de Trujillo, percibía algo raro cada vez que nuestros padres se referían al gobierno. Era la era del miedo, mi abuela Maruca se le oía susurrar cuando un carro cepillo pasaba por la calle José Trujillo Valdez de San Francisco de Macorís. En más de una ocasión, cuando por alguna razón venían a su casa algún funcionario o algún cobrador, pisaba duro contra el piso aclamando que ella era una mujer muy trujillista, demostraba que el país no tenía a nadie más a quien recurrir sino a Trujillo que todo lo tenía y todo lo sabía. Recuerdo con mucha claridad que los niños del barrio durante los recesos de juegos muy divertidos, hacíamos de Trujillo centro de conversación y terminábamos preguntándonos quien tenía más poder si Dios o Trujillo. El día que lo mataron la noticia llegó tarde al barrio, en la oscuridad de de la noche recién llegada se percibía que algo catastrófico había sucedido. Nadie sabía que iba a suceder y si la notica realmente era verdadera.

La presente generación, nosotros los que nacimos unos años antes de la muerte del dictador, nos correspondió vivir con la historia, leer los libros, escuchar las narraciones, participar en las protestas, buscar por donde sea posible la explicación de un fenómeno de más de treinta años. Todavía hoy el trujillismo dominicano no desaparece, la manera como se maneja el estado, el tráfico de influencia, el robo del erario público, la corrupción de los legisladores y funcionarios y las verdades dichas a medias por la prensa, son parte del remanente del trujillismo. También es propio de trujillistas el hecho de que los poderes del estado, presumiblemente democrático, no funcionen bajo la característica de separación de poderes. Es propio de trujillistas cuando líderes de dos partidos mayoritarios se reúnen para hacer pacto para modificar la constitución o compartir beneficios electorales.

Es del trujillismo la manera como las cúspides eclesiásticas participan en el gobierno de manera indirecta o directa o callan sobre asuntos de su conocimiento y luego se presentan como ovejas perdidas en el rebaño, una actitud que fuerza recordar el concordato, un pacto muy propio del la era de Trujillo en el que se envolvió directamente el Vaticano. Grandes reflexiones son necesarias para todos los dominicanos, y no hay que esperar que se publiquen en obras manipuladas, para lograr una reacción o un llamado al interior.

La maldición de esa pesadilla de más de treinta años, deja rasgos notables y estos no serán borrados hasta que los dominicanos con responsabilidad y conciencia pangamos fe en la institucionalidad del país, para que todo el que produce pague impuestos al fisco, y para que el presupuesto nacional sea el producto del consenso democrático con el enfoque de brindar los servicios indispensables para empujar la nación hacia el bienestar económica y la altura moral que debe identificarnos.

La obra de Angelita Trujillo es un intento frustrado, un insulto a destiempo al pueblo dominicano que pasará muy pronto al olvido. Otra vez se equivocaron, nunca más cometeremos el mismo error ni tropezaremos con la misma piedra. Es mejor seguir trabajando con dedicación, organizando la gente, avivando la economía, acogiendo el pensamiento de Juan Pablo Duarte; los dominicanos despiertos y activos, queremos vivir, no queremos dormir para no despertar bajo la maldición de esa pesadilla llamada la Era de Trujillo.

2 Responses to “La maldición de una pesadilla”

  1. Maria Says:

    Trujillo y el holocausto del subdesarrollo. Tenia un fucú el maldito que hasta los haitianos lo sufren de por vida. Mala suerte de compartir isla. Pero Trujillo se exorcisó él mismo cuando bautizo a su hija con ese nombre de Ma. de los Angeles del Sagrado Corazón… del Sagrado Corazón oscuro como su piel que tanto odiaba. Qué se puede esperar de un hombre que reniega de sus raices negras. Y la otra hija bautizada como Flor de Oro, ademas de fucú, ridiculo, cursi y mamón.

  2. Maria Says:

    Parece ser que el fucú hoy lo sufres tu mismo, desde febrero y mi comentario es el único… espero que ahora no recaiga en mí. Tendré que comprarme un perro prieto.

    No obstante te felicito, tu artículo es muy claro, directo, bien escrito. Sigue, que es la mejor forma de combatir el fucú… Pero ¿sabes por qué no se lo pueden sacar del todo? Por el ruido, R.D. es el pais mas escandaloso del mundo, no se como le hacen para pensar, porque debe haber algunos como tu, que tambien piensan.

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