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Haiti y el desplante de Hugo Chavez

February 1st, 2010 at 12:31 |
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http://www.7dias.com.do/app/article.aspx?id=68212

HUGO CHAVEZSin lugar a dudas Hugo Chávez ha marcado la última década de historia latinoamericana y se proyecta en ella como otra oportunidad perdida.

Chávez se presenta a sí mismo como antimperialista, socialista y bolivariano, y con seguridad tiene algo de cada una de estas cosas, aunque sea la aspiración. Y proclama a su proyecto político como una nueva alternativa al capitalismo.

Pero en realidad lo que Chávez impulsa es un programa de recambio elitista de signo populista y con ambiciones continentales, a todo lo cual el agrega su sello gamonalista.

 Su medio histórico no es el de una revolución alternativa sino el de la manipulación del clima de insatisfacción y decepción generalizada en que nos ha dejado lo que alguien llamo la fatídica larga noche neoliberal. Al final el propio Chávez es producto de ese vacío. 

 

La grosería política y falta de imaginación de Chávez –aunque se confiesa un alumno de Fidel Castro carece totalmente de su astucia jesuita- es lo que hace fácil seguirle siempre que se observen algunas reglas elementales. Es decir para ser admitido en su combo y continuar recibiendo sus voluminosos subsidios hay que pagar siempre un precio, pero puede ser sólo un  aporte escénico, un pas de deux con un mastodonte que coloca a los aliados al borde del ridículo, pero en verdad no he conocido todavía un político que no este dispuesto a pagar con piruetas verbales la consecución de algún objetivo concreto. Y al mismo tiempo consideremos que Caracas no es muy exigente en cuanto a lo que se hace con el dinero, ni sobre que modelo se sigue, ni otras sutilezas de políticas internas. Ello explica que en las grupas de los petrodólares chavistas cabalguen seres muy disímiles. Por ejemplo como Daniel Ortega, una criatura corrupta e intratable que ha levantado su proyecto de poder económico y político sobre una alfombra de miles de muertos. O como Evo Morales, quien lidera una auténtica metamorfosis (recordando a Morin) indigenista y modernizante en Bolivia, y que está efectivamente cambiando la faz de esa nación.

 

Hay momentos –en coyunturas críticas muy densas como Honduras y Haití-  en que el precio de la lealtad sube mucho, y los clientes necesitan habilidades especiales para obtener el visto bueno del presidente venezolano.

 

Ante la catástrofe de Puerto Príncipe, Chávez -seguido por  Daniel Ortega y de lejos, en su remanso andino por Morales- cargaron contra la presencia militar estadounidense, acusando a la administración Obama de querer convertir a Haití en un protectorado. Ni siquiera los más cercanos socios del ALBA pudieron secundarlo. El presidente ecuatoriano Correa –que al mismo tiempo preside UNASUR- se desmarcó de la perorata de Chávez diciendo algo así como que alguien tenía que hacer lo que hacen los soldados americanos, e insinuando que en las emergencias el sentimiento antimperialista tiene un límite.

 

Pero probablemente más ilustrativa fue la posición cubana, dado el hecho que Cuba si es un actor interno en Haití pues tiene fuertes vínculos históricos con ese país y un contingente técnico de varios centenares de personas, principalmente médicos y enfermeras. Este contingente de personal de la salud ha hecho un trabajo admirable en Haití durante muchos años, al punto que los haitianos acostumbran a decir que después de Dios vienen los médicos cubanos. Y por supuesto, lo han seguido haciendo tras el terremoto. Es decir, que la posición cubana en el asunto era algo más que decorativa.

 

Y justamente por eso no podía sumarse a la postura de Chávez y Ortega. En su lugar el gobierno cubano reactivó un viejo acuerdo que permite al gobierno americano usar el espacio aéreo insular para casos de emergencias humanitarias, lo que la Clinton saludó con un guiño. Y lo que es más importante, aunque haya sido menos comentado, fue a la reunión de cancilleres del ALBA con una estoica propuesta de integración de un contingente médico “bolivariano” sin la menor alusión a la presencia norteamericana en la media isla. Por supuesto que la desconexión del gang nunca puede ser total para una clase política que, como la cubana, sobrevive gracias a los pagos venezolanos. Y por ello tanto el periódico Granma como el semijubilado Fidel Castro se  encargaron de hacer causa común con Chávez, el primero en algunos artículos secundarios y el segundo en una de sus desapacibles reflexiones que casi nadie lee. Nuevamente los clientes cambiaron retórica por petrodólares.

 

Probablemente esta ha sido la madeja que nunca ha entendido el presidente Leonel Fernández cuando se hundió en el cieno hondureño, cambiando radicalmente el curso de lo que hasta ese momento había dicho, y demostrando una vez más que nuestro país tiene una considerable proyección internacional, pero no una política exterior definida y sistémica. Y que por eso no nos toman en cuenta. El piropito que le endilgó Manuel Zelaya –un pillo político que no quiso convertirse en el mártir legitimado de los chavistas- está costando caro y seguirá haciéndolo. Porque Chávez, como Don Vito, no tolera la deslealtad, al menos cuando se da cuenta. 

 

Haroldo Dilla Alfonso
 
 

 
 
 
Sin lugar a dudas Hugo Chávez ha marcado la última década de historia latinoamericana y se proyecta en ella como otra oportunidad perdida. Chávez se presenta a sí mismo como antimperialista, socialista y bolivariano, y con seguridad tiene algo de cada una de estas cosas, aunque sea la aspiración. Y proclama a su proyecto político como una nueva alternativa al capitalismo. Pero en realidad lo que Chávez impulsa es un programa de recambio elitista de signo populista y con ambiciones continentales, a todo lo cual el agrega su sello gamonalista. Su medio histórico no es el de una revolución alternativa sino el de la manipulación del clima de insatisfacción y decepción generalizada en que nos ha dejado lo que alguien llamo la fatídica larga noche neoliberal. Al final el propio Chávez es producto de ese vacío. 

 

La grosería política y falta de imaginación de Chávez –aunque se confiesa un alumno de Fidel Castro carece totalmente de su astucia jesuita- es lo que hace fácil seguirle siempre que se observen algunas reglas elementales. Es decir para ser admitido en su combo y continuar recibiendo sus voluminosos subsidios hay que pagar siempre un precio, pero puede ser sólo un  aporte escénico, un pas de deux con un mastodonte que coloca a los aliados al borde del ridículo, pero en verdad no he conocido todavía un político que no este dispuesto a pagar con piruetas verbales la consecución de algún objetivo concreto. Y al mismo tiempo consideremos que Caracas no es muy exigente en cuanto a lo que se hace con el dinero, ni sobre que modelo se sigue, ni otras sutilezas de políticas internas. Ello explica que en las grupas de los petrodólares chavistas cabalguen seres muy disímiles. Por ejemplo como Daniel Ortega, una criatura corrupta e intratable que ha levantado su proyecto de poder económico y político sobre una alfombra de miles de muertos. O como Evo Morales, quien lidera una auténtica metamorfosis (recordando a Morin) indigenista y modernizante en Bolivia, y que está efectivamente cambiando la faz de esa nación.

 

Hay momentos –en coyunturas críticas muy densas como Honduras y Haití-  en que el precio de la lealtad sube mucho, y los clientes necesitan habilidades especiales para obtener el visto bueno del presidente venezolano.

 

Ante la catástrofe de Puerto Príncipe, Chávez -seguido por  Daniel Ortega y de lejos, en su remanso andino por Morales- cargaron contra la presencia militar estadounidense, acusando a la administración Obama de querer convertir a Haití en un protectorado. Ni siquiera los más cercanos socios del ALBA pudieron secundarlo. El presidente ecuatoriano Correa –que al mismo tiempo preside UNASUR- se desmarcó de la perorata de Chávez diciendo algo así como que alguien tenía que hacer lo que hacen los soldados americanos, e insinuando que en las emergencias el sentimiento antimperialista tiene un límite.

 

Pero probablemente más ilustrativa fue la posición cubana, dado el hecho que Cuba si es un actor interno en Haití pues tiene fuertes vínculos históricos con ese país y un contingente técnico de varios centenares de personas, principalmente médicos y enfermeras. Este contingente de personal de la salud ha hecho un trabajo admirable en Haití durante muchos años, al punto que los haitianos acostumbran a decir que después de Dios vienen los médicos cubanos. Y por supuesto, lo han seguido haciendo tras el terremoto. Es decir, que la posición cubana en el asunto era algo más que decorativa.

 

Y justamente por eso no podía sumarse a la postura de Chávez y Ortega. En su lugar el gobierno cubano reactivó un viejo acuerdo que permite al gobierno americano usar el espacio aéreo insular para casos de emergencias humanitarias, lo que la Clinton saludó con un guiño. Y lo que es más importante, aunque haya sido menos comentado, fue a la reunión de cancilleres del ALBA con una estoica propuesta de integración de un contingente médico “bolivariano” sin la menor alusión a la presencia norteamericana en la media isla. Por supuesto que la desconexión del gang nunca puede ser total para una clase política que, como la cubana, sobrevive gracias a los pagos venezolanos. Y por ello tanto el periódico Granma como el semijubilado Fidel Castro se  encargaron de hacer causa común con Chávez, el primero en algunos artículos secundarios y el segundo en una de sus desapacibles reflexiones que casi nadie lee. Nuevamente los clientes cambiaron retórica por petrodólares.

 

Probablemente esta ha sido la madeja que nunca ha entendido el presidente Leonel Fernández cuando se hundió en el cieno hondureño, cambiando radicalmente el curso de lo que hasta ese momento había dicho, y demostrando una vez más que nuestro país tiene una considerable proyección internacional, pero no una política exterior definida y sistémica. Y que por eso no nos toman en cuenta. El piropito que le endilgó Manuel Zelaya –un pillo político que no quiso convertirse en el mártir legitimado de los chavistas- está costando caro y seguirá haciéndolo. Porque Chávez, como Don Vito, no tolera la deslealtad, al menos cuando se da cuenta. 

 

Haroldo Dilla Alfonso

One Response to “Haiti y el desplante de Hugo Chavez”

  1. Marcio Says:

    Felicidades muy bueno

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