CRITICA FORMAL DE EL GIGANTE Y LOS ENANOS
En esta ocasión comento el segundo libro de Miguel Espaillat Grullón que llega a mis manos. Es difícil catalogar El Gigante y los enanos, acaso por las tensas pasiones que lo limitan. Éstas pasan velozmente de un lado a otro del péndulo de la política y la religión. Es política encadenada a una ideología, y es religión (a veces didáctica y vacilante) pero hecha pedazos por la más acerba de las críticas. A EE.UU. (los ‘‘enanos’’ de la metáfora) se les dedicaría una diatriba, al propio tiempo que al referirse a Fidel Castro se pasa sin resquemor alguno de la apología literaria a la ma-nifiesta apoteosis.
La portada y el título del libro de Espaillat son excelen-tes, sugestivos, y anunciadores de una emoción con la que muchos están en sintonía. Y es que en esta obra rendimos obvio culto religioso a Fidel Castro Ruz, a todas luces el padre espiritual de millones de ideólogos latinoamericanos, y el más importante comunista de América Latina. En vida, los emperadores incas eran semidioses, y muertos eran dio-ses. Pero para Espaillat la divinización de Fidel no conoce fronteras entre la vida y la muerte.
El libro no es biografía de Castro, ni tampoco compen-dio histórico de la cultura norteamericana, sino una redac-ción que pierde verosimilitud en el ejercicio de una obra que trasciende el apresuramiento para caer en la desesperación.
El Gigante y los enanos de Miguel Espaillat Grullón no alcanza los niveles literarios o intelectuales de El triunfo de Calibán, del nica Rubén Darío, que en 1898 arremetiera rimbombantemente contra un Estados Unidos autoritario y policial. Ni tampoco se acerca al impresionante caminar histórico de Las venas abiertas de América Latina, en que Galeano hace oportuna gala de una prosa antiimperialista que se nutre de pasión y de poder. Por ello no entendimos aquel alarde de Historia Universal que habría sido necesario indagar para poner de manifiesto el siniestro maquinar de la Nación de Jefferson, de Lincoln, y de Barack Hussein Obama.
UN LIBRO MANIQUEÍSTA
El maniqueísmo es una forma simple de ver la realidad. De esta forma el mundo sería blanco o negro, y en toda historia habría que distinguir entre un bueno y un malo. Y así de simple sería todo. Mas sabemos que esto no es así. El hombre es un ser complejo. La Historia es un asunto muy complejo. La Cultura, a partir del ángulo que fuere, resulta incomprensible. Los observadores tan solo podemos acer-carnos a ella, como cuando uno se acerca al misterio de los hombres. Todo ser humano lleva consigo aquella tendencia al mal. Este ‘‘mal’’ (daño, debilidad, pecado, o como se le quiera llamar) no puede ser exclusivo de unos colonos que en 1776 abrieron fuego contra sus opresores y luego decla-raron independencia para formar un poderoso y próspero País llamado hoy los Estados Unidos de América. Ni tam-poco se origina como resultado de filosofías económicas o científicas. ¿Será que acaso no podamos distinguir entre lo razonable y lo pueril?
El libro de Espaillat tiene una estructura absolutamente maniqueísta toda vez que se compara la virtud del Gigante (Fidel, Ariel, Espartaco) con los vicios de EE.UU. (Maqui-naria, Calibán, Satanás). Los actores americanos siempre son demonios salidos del infierno, mientras que Fidel es impecable, infalible, e inefable. Detrás de todo personaje americano (llámese Clinton, Negroponte, Obama, Kennedy) hay una inmoralidad. Pero Fidel es el prohombre cuya figura perínclita hace sombra a todos los hombres de la Historia. Este libro casi calificaría como una apología propia de la Mitología Griega.
DISCURSO A PARTIR DE UN DOLOR
Este libro me recuerda destacadas obras del boom afroecuatoriano, tales como Al Norte de Dios, y Senderos brillantes, del ecuatoriano Nelson Estupiñán Baas, que co-mento someramente en mi libro más reciente . En estas obras, como en la de Espaillat, nos llevamos la impresión de que la Historia de la Humanidad entera no ha conocido mayor maldición que la existencia de un País llamado los Estados Unidos de América. A expensas de un consumismo ideológico, se ventilan rencores que no mueren y se recicla una liturgia completa con su pan y con su vino. Por ello abordamos un efecto sin indagar ninguna causa. Y exage-ramos las historias. Al leer estas obras, de una vez intuyes que siguen abiertas las heridas. Que hay que vencer al enemigo, atacarlo, dispararle. Los motivos de este tipo de obras son complejos, y es por ello que vacilamos al intentar calificarlas de ensayo.
Cuando un resentido escribe lo hace con poca o ninguna objetividad. Un mal recuerdo lo ciega. Un odio pasado se le recicla por el sentimiento. Es indispensable la salud para poder ver con claridad, para no quemarnos en el proceso de opinión, para que nuestra historia no sea más que disimulado desahogo de pasiones enfermizas.
LA HIPÉRBOLE ENTRETEJIDA
El Gigante, en la apoteosis, hace natural sombra a los diez presidentes norteamericanos que ha podido suceder durante sus casi sesenta (60) años de gobierno democrático. El ‘‘mejorcito’’ de la lista fue Jimmy Carter, nos informa Espaillat, y me pregunto si acaso lo fue porque el famoso comedor de maíz del Estado de Georgia, en 1980, no vaciló a la hora de poner en las manos de Fidel nada más y nada menos que el Departamento de Inmigración de los Estados Unidos, durante el famoso debacle histórico del Mariel.
EN BUSCA DE OTRA CATARSIS, UN DAMIÁN COLECTIVO
Espaillat, en su novela El gran Caín, experimenta una catarsis más personal que literaria cuando describe la vio-lencia de Damián. Éste no es solo el individuo que hace daño social, también es el personaje que le hace daño per-sonal. Me pregunto si no habría un paralelo acaso senti-mental entre Damián y Estados Unidos, el mismo Estados Unidos que sería el ‘‘Estados Asociados’’ en la obra Sen-deros brillantes de Estupiñán Baas. Conectado histórica-mente con la Gesta del 65, y ya ventilado su quebranto per-sonal en la poderosa retórica de El gran Caín, ahora iría a la carga contra el enemigo colectivo que sería el único y verdadero responsable de la miseria, del desasosiego, de la injusticia, de la desesperanza, del fracaso, de la cultura do-minicana (y del mundo entero). Una vez había expresado a Vanessa que Santo Domingo era ‘‘un infierno’’. Pero ahora intentaría exponer a los únicos y verdaderos responsables de la existencia de semejante averno.
Espaillat, informado a través de fuentes apócrifas y de sus pasiones, habla de EE.UU. de la misma manera que habló de Damián. Si el Gigante (con quién él mismo se identifica) es un dechado de virtud, EE.UU. sería una po-cilga de totales podredumbres. La lista negra es completa, absorbente e inmisericorde. ¡Cuánta gente mala, perversa, lavadora de dinero, genocida, corrupta, torturadora, aplas-tante de cuantos indefensos, como nunca antes se vio en la historia de la humanidad! Para nada sería necesario entrar en la morbosidad de los detalles.
MORAL CONTRAPRODUCENTE U ODIO INCONFESO
Los americanos (entiéndase todos los políticos y pode-rosos), tal como Espaillat concluyera de Damián, son por-tadores de genes y del ADN de una maldad salida del in-fierno (véase la página 189). Espaillat se cuida, eso sí, de aclarar que no habla del pueblo americano, pero sí de todo aquel que siendo ‘‘americano’’ acaso no sea parte de ese pueblo. ¡Vaya cosa difícil de entender!
En el mundo puede haber maldad, pero el ADN de la maldad lo tienen los americanos.
LA INVEROSIMILITUD QUE MATA
Habríamos esperado algún comentario siquiera alagüeño respecto de los peregrinos del Mayflower que hacia 1620 llegaron a América en busca de un verdadero sueño americano de prosperidad y libertad. Nada, no oyes por parte nada positivo de absolutamente nadie. ¿Se trataría de alguna crasa, fatal e imperdonable falta de conocimientos? ¿Pero acaso es posible que ser humano alguno, escritor y publicador de libro, no sea capaz de expresar una sola cosa positiva de una Nación donde sus más acerbos críticos (Es-paillat entre ellos) vienen a aprovecharse de aquellos bene-ficios que en parte alguna de la tierra puedan conseguir?
LOS GIGANTES Y EL ENANO
Imagine el lector que alguien escribiera un libro titulado Los gigantes y el enano, que fuera crítico de Fidel, y que en el mismo obviara los poderosos y contundentes logros del Comandante de la Revolución Cubana. Éste, con sus pies de barro –admitido—, ha sido no obstante el gigante que ayudado por su talento, por circunstancias históricas, y por poderosos mitos, ha sabido ocupar un sitial universal en el campo de las ideologías y de la cultura no solo de América Latina sino del mundo.
¿Qué diríamos del supuesto libro que por parte mencio-ne el sincero deseo del mencionado líder por mejorar la situación de su pueblo, y aquel espíritu arrojado por enviar miles de médicos a países pobres con el fin de invertir en verdaderos valores humanos y sociales? Tal libro no sería libro nada sino peligroso folleto de fanatismo militante, sería la obligatoria conclusión.
Tal es la suicida inverosimilitud de Espaillat en esta obra que publica, salvo que al revés. El libro, por ese solo dato fundamental, trae entre sus páginas el germen mismo que lo mata.
FIDEL Y JESUCRISTO
Espaillat compara a Fidel con Jesucristo (p. 189). Tal vez conozca bastante de Fidel. ¿Qué conocimiento tendría de Jesucristo?
EL POBRE BARACK OBAMA
La obra que nos ocupa, sin ofrecer muchas explicacio-nes, describe a hombres y mujeres que quitan lo ajeno, tiran bombas con sádico placer y engañan a la gente. Y no se salva nadie. ¡Caramba, el pobre Barack Obama, que surgió de la nada con su raza y su anonimato para domar soberbias y transformar para siempre raciales y sociales patrones de la racista sociedad americana, ni él, siquiera, se ganó un piropo de Espaillat! El pobre afroamericano está en pañales todavía, no entiende, porque acaso todavía no le haya ama-necido (p. 121).
LA NEGRA DEL TUMBAO Y EL SUICIDA RACISMO DOMINICANO
Leí decepcionado la racista descripción que el blanco (?) dominicano Miguel Espaillat Grullón hace de la afroa-mericana y ex Secretaria de Estado de los Estados Unidos, la Dra. Condoleeza Rice. La llama ‘‘la negra del tumbao’’.
El suicida y absurdo racismo dominicano es una de las peores patologías de nuestra cultura dominicana. Somos un pueblo de 74% mulatos, de 11% negros puros, y de 16% blancos que a la vez convivimos con más de un millón de haitianos indocumentados que están en constante mestizaje racial y cultural con los dominicanos. Y sin embargo en Dominicana un mulato se ve blanco, y un prieto, indio.
Esta patología se revela en El gran Caín del autor que nos ocupa, donde la palabra negro, aun cuando describe a gente más negra y más prieta que la familia de Sebastián Lemba, no aparece ni una sola vez. Cuando Espaillat des-cribe a un negro, dice tez oscura, mientras que para él cual-quier mulato es blanco. Condolezza Rice, para él, que no tuvo el racial privilegio de nacer en la aldea dominicana donde los prietos son indios y los mulatos son blancos, es ‘‘la negra del tumbao’’.
CUBA, SEGUNDA POTENCIA MUNDIAL
O Miguel Espaillat Grullón no sabe lo que dice o debo ser el hombre más ignorante de la tierra. No sabía que Cuba, hoy por hoy, es la Segunda Potencia Política Mundial aparte de los Estados Unidos de América (p. 194).
DE LA EXAGERACIÓN A LO RIDÍCULO
También me informa que la CIA fue culpable del de-rrumbe de la Unión Soviética. Caramba, habría pensado que los cerebros del Kremlin no fuesen seres tan ingenuos como para permitir que aquella Segunda Potencia Mundial cayera acaso en trampas cinematográficas. Sería que a como dé lugar hay que mantener los buenos valores tradicionales de que el Imperialismo Yanqui tiene que tener la culpa de todos los males habidos y por haber en la historia de los hombres. Resulta tan fácil caer en el ridículo, quién sabe si fue por el Pentágono que Lucifer se llenó de vanagloria en el cielo en aquellos momentos de la eternidad cuando ni siquiera existían hombres.
FARCS, NATURALEZA HUMANA, BIBLIA Y MALDAD
Espaillat, claro, defiende cuanto dice Castro, aunque éste defienda a los narcoterroristas de las FARCS (p. 247).
Por doquier, en su libro, Espaillat revela un paupérrimo conocimiento de la naturaleza humana (analíce el lector mismo las simplezas de la página 205).
No entendemos bien al bueno de Espaillat. Por un lado echa la Biblia al zafacón, y por otro la cita con tanta devo-ción. Estamos por ahí, por algún lado, entre metafísica, reencarnación y aquella fe que estremeció a Saulo de Tarso camino de Damasco (pp. 273, 274).
CAMINO DE LO INCOMPRENSIBLE
Espaillat nos da una perla cuando escribe: El hombre fue primero que la sociedad, en consecuencia, éste llevó a la sociedad esa maldad innata de la que hablo (p. 271).
Con un somero vistazo a la página citada descubrimos lo que Espaillat quiso significar, pero veamos esta frase en su contexto. Adán fue primero que Eva y que las subse-cuentes sociedades que surgieron, es cierto. ¿Tendría el autor en su mente el modelo teológico de la Biblia que dicta que el pecado, con sus terribles consecuencias, pasó de un hombre al resto de la humanidad? Tal sugerencia parecería razonable.
Pero Espaillat hace una rara y cuasi humorística aplica-ción dialéctica al Génesis cuando sugiere que ‘‘la maldad’’ que el hombre introdujo a la Historia tuvo mucho sino todo que ver con el libre mercado. ¿Acaso estará diciendo el hombre que la Humanidad cambió su maravilloso derrotero cuando se dispuso a vender y comprar mangos, plátanos y chicharrones de Villa Mella? ¿Que tal ejercicio marcó la disyuntiva en que el ser humano perdió su mejor rumbo por un camino de fatalidad y destrucción? ¿En qué consiste la maldad humana, en el pecado innato que lleva en el instinto, o en aquel profundo deseo de abrir una fondita? ¿Dañó Adán a su descendencia porque desobedeció a su Creador o porque luego de hacerlo puso un negocio para llenar papeles de income tax? ¡Que Dios tenga misericordia de nosotros!
La culpa del Capitalismo, en todo caso (y a Espaillat le gustaría escuchar esto) no sería tanto del Hombre como de Dios mismo, cuando lo condenó a trabajar y a vivir del sudor de su mismísima frente.
EL DIABLO COJUELO DE LA HISTORIA
Neruda confesó que había vivido, y yo confieso que luego de caminar América Latina pude acercarme a la dis-tancia de una respiración del verdadero monstruo que chupa la sangre de nuestras abiertas venas. Acaso sea nuestra mayor irresponsabilidad aquella liviana explicación de que el Pentágono está detrás de nuestros males personales, so-ciales y nacionales. Llevamos la paranoia en el instinto, adherida a nuestra manera de mirar. Los Estados Unidos han sido una Nación próspera y organizada y han sabido sacar provecho material y cultural a cuanta oportunidad histórica, como habría hecho todo conglomerado compuesto por hombres y mujeres. Aquel poder, y aquel crecimiento, nos han hecho sombra al recuerdo de una pobreza irre-ducible. El hombre, sin embargo, ¿fue creado para contem-plar impotente el destino del vecino, o para abrirse paso por entre dificultades de su medio y de su historia?
LA VOZ DE LA ESPERANZA
Una voz evangélica, con regocijo de buenas nuevas de salvación, se oye y se siente cuando Espaillat hace un lla-mado universal al amor entre unos y los otros. ¡Solo este amor nos salvaría, pero eso sí, con la condición de que se elimine de la faz de la tierra todo vestigio de libre mercado! Y Espaillat añade a los maniqueísmos: Solo así [en ausencia de libre mercado] sería posible la paz, la felicidad y la justicia social y todo lo demás que no depende del libre mercado, como dicen los enanos políticos que han desfilado a través de estas páginas (p.274). ¡Es como si dijera que con la eliminación del libre mercado también desaparecería del ser humano aquella maldad innata (el pecado congénito e instintivo) de que hablan la Biblia y Espaillat! ¡Sin libre mercado volveríamos al Paraíso!
En mi universidad dan un excelente curso llamado Na-turaleza Humana-101, que sin vacilar recomendaría a mi amigo Miguel Espaillat Grullón.
EL MÁS BRILLANTE PÁRRAFO DE EL GIGANTE Y LOS ENANOS
Al terminar su obra, como escapado de confusión y va-cilación, Espaillat hace un aparte en defensa de la existencia de Dios y de la inmortalidad del alma de los hombres. Cito de la página 271, luego de atreverme a aplicar necesaria corrección de estilo al texto:
Por otro lado, la teoría de Darwin me puede explicar la evolución del hombre en su aspecto físico, concomitante con su crecimiento intelectual para entender las leyes que rigen el mundo físico, pero esa teoría nada me habla del aspecto espiritual que millones concebimos en la dualidad del ser humano. Darwin no nos explica por qué hay leyes físicas, por qué hay universo, ni el por qué de la superioridad del hombre frente al resto de la naturaleza, como tampoco nos explica el por qué de la vida, ni de dónde venimos, ni hacia dónde vamos.
EL CAPÍTULO CUATRO Y LA RELIGIÓN
Espaillat, en el capítulo 4 de su libro, critica directamen-te al Dios del Antiguo Testamento, y sin que acaso cono-ciera las andanzas de Ai Apaec, Chac Mool o Kukulkán, los sanguinarios y enojados dioses de nuestras culturas aborígenes, los pone a la par con ellos. También nos educa magistralmente respecto de los orígenes paganos de la Re-ligión Popular.
Don Miguel no es ateo, pero anda en buena y contradic-toria búsqueda de la identidad del Dios en que cree. Esta situación sería sintomática de un hombre que se acerca a su verdad por medio de algún proceso de teológica elimina-ción. Es algo positivo y esperanzador
Creo que estos son temas buenos y sabrosos, en que cada cual podría hallarse o definirse. Preferiría no redactar mi crítica del tema en este momento, y opto por invitar al señor Espaillat Grullón a un debate público, organizado y respetuoso, en que intentemos poner cartas sobre mesa.
Aclaro de antemano que no defiendo a Dios. No soy abogado de Dios. Dios no necesita de mis servicios ‘‘profe-sionales’’. Dios se reiría de mí si tal cosa presumiera. Iría al debate porque el Tema de mi Creador no es Verdad a la que tenga miedo.
CONCLUSIONES
¿Habría el autor de El gran Caín sido capaz de darnos una obra más justa y equilibrada que la que en esta ocasión nos ha tocado comentar? No lo dudamos ni un solo mo-mento. Es más, abrigamos la esperanza de que la pluma que trajo al mundo una gran novela nos pueda cautivar y edifi-car con futuras y actualizadas obras que contribuyan al acerbo cultural de nuestros tiempos.
He redactado mi punto de vista, han sido publicados mis pensamientos, cedo pues al autor de El gigante y los enanos el debido derecho a réplica.
Aníbal J. Rosario







