Por Juan Torres
He terminado de leer la novela “El pacto de los rencores”, de Viriato Sención, la cual está causando un verdadero terremoto político en la República Dominicana.
La trama central de esta “novela en movimiento” tiene cuatro personajes de la vida real: Joaquín Balaguer, Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Fernando Álvarez Bogaert.
Y alrededor de estos cuatro personajes centrales se mueven otros no menos importantes: Leonel Fernández, Marino Vinicio Castillo (a) Vincho; un ex canciller tildado por Balaguer de “menos que papel sanitario usado”… Una verdadera caja de Pandora.
Según esta trama, Juan Bosch y Joaquín Balaguer habían sido “socios” desde principios de los años 40, cuando este último visitó La Habana, donde estaba exiliado Bosch.
Allí, Bosch le habría propuesto a Balaguer que abandonara el gobierno de Trujillo para que encabezara la oposición en el exilio, a lo que Balaguer habría respondido: “No, yo esperaré debajo de la mata a que la fruta madure. Mientras tanto, encárgate tú de liderar la oposición desde el exilio”.
Siempre, según la trama de esta explosiva novela, cuando Balaguer vino a Nueva York en 1961 para pronunciar un discurso ante la ONU, en defensa del gobierno trujillista que él encabezaba, el cual había sido sancionado previamente en la OEA por el intento de asesinato contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt y por el asesinato de las Hermanas Mirabal, Juan Bosch voló desde Costa Rica para encontrarse con su viejo amigo, en la residencia de la embajadora Minerva Bernardino. Allí sellaron lo que se conoce como el “Acuerdo de Park Ave.”, el cual sería respetado por ambos durante el resto de sus vidas, según se puede apreciar al final de la novela.
Mucha gente, quizá la abrumadora mayoría de dominicanos mayores de 40 años, nos hemos estado preguntando por mucho tiempo qué circunstancias personales y políticas permitieron a Bosch y Balaguer llevarse tan bien durante tanto tiempo.
Nos preguntamos también por qué Bosch siempre estuvo ausente en los grandes momentos históricos del país: cuando llegó la comisión del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) al país, en julio de 1961, encabezada por Ángel Miolán; cuando las guerrillas de Manolo Tavarez para reclamar su restitución como presidente; cuando se desató la Revuelta de Abril de 1965; etc.
Y también se pregunta esa abrumadora mayoría de dominicanos por qué Bosch llamó a sus partidarios a salir e votar “armados con palos y piedras” en las elecciones del 1966, en la cual enfrentaba a Balaguer, pero no se le vio hacer campaña. Igualmente, los dominicanos adultos se preguntan por qué Juan Bosch dijo en la campaña electoral del 1990, cuando de nuevo enfrentaba a Balaguer, que iba a “rescindir el concordato entre la Iglesia Católica y el Estado Dominicano”.
Bueno, la novela responde claramente esas dudas. Además, deja muy claro que ambos líderes políticos habían establecido un pacto de honor para aplastar, física, moral y políticamente a sus antiguos discípulos, Peña Gómez y Fernando Álvarez Bogaert, candidatos a la presidencia y la vicepresidencia por el PRD en las elecciones del 1994 y 1996.
Parece que finalmente el juicio de la historia deja al descubierto muchas llagas en estos dos personajes, convertidos casi en santos por sus seguidores, sobre todo los de Bosch, a quien se consideraba un “intocable” por aparente desprendimiento y su probada dedicación a las artes y el humanismo.
Ojala que los dominicanos y latinos residentes en el área triestatal tengan la oportunidad de adquirir prontamente esta joya literaria, escrita por el más leído y respetado escritor dominicano del momento.
Por Juan Torres
He terminado de leer la novela “El pacto de los rencores”, de Viriato Sención, la cual está causando un verdadero terremoto político en la República Dominicana.
La trama central de esta “novela en movimiento” tiene cuatro personajes de la vida real: Joaquín Balaguer, Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Fernando Álvarez Bogaert.
Y alrededor de estos cuatro personajes centrales se mueven otros no menos importantes: Leonel Fernández, Marino Vinicio Castillo (a) Vincho; un ex canciller tildado por Balaguer de “menos que papel sanitario usado”… Una verdadera caja de Pandora.
Según esta trama, Juan Bosch y Joaquín Balaguer habían sido “socios” desde principios de los años 40, cuando este último visitó La Habana, donde estaba exiliado Bosch.
Allí, Bosch le habría propuesto a Balaguer que abandonara el gobierno de Trujillo para que encabezara la oposición en el exilio, a lo que Balaguer habría respondido: “No, yo esperaré debajo de la mata a que la fruta madure. Mientras tanto, encárgate tú de liderar la oposición desde el exilio”.
Siempre, según la trama de esta explosiva novela, cuando Balaguer vino a Nueva York en 1961 para pronunciar un discurso ante la ONU, en defensa del gobierno trujillista que él encabezaba, el cual había sido sancionado previamente en la OEA por el intento de asesinato contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt y por el asesinato de las Hermanas Mirabal, Juan Bosch voló desde Costa Rica para encontrarse con su viejo amigo, en la residencia de la embajadora Minerva Bernardino. Allí sellaron lo que se conoce como el “Acuerdo de Park Ave.”, el cual sería respetado por ambos durante el resto de sus vidas, según se puede apreciar al final de la novela.
Mucha gente, quizá la abrumadora mayoría de dominicanos mayores de 40 años, nos hemos estado preguntando por mucho tiempo qué circunstancias personales y políticas permitieron a Bosch y Balaguer llevarse tan bien durante tanto tiempo.
Nos preguntamos también por qué Bosch siempre estuvo ausente en los grandes momentos históricos del país: cuando llegó la comisión del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) al país, en julio de 1961, encabezada por Ángel Miolán; cuando las guerrillas de Manolo Tavarez para reclamar su restitución como presidente; cuando se desató la Revuelta de Abril de 1965; etc.
Y también se pregunta esa abrumadora mayoría de dominicanos por qué Bosch llamó a sus partidarios a salir e votar “armados con palos y piedras” en las elecciones del 1966, en la cual enfrentaba a Balaguer, pero no se le vio hacer campaña. Igualmente, los dominicanos adultos se preguntan por qué Juan Bosch dijo en la campaña electoral del 1990, cuando de nuevo enfrentaba a Balaguer, que iba a “rescindir el concordato entre la Iglesia Católica y el Estado Dominicano”.
Bueno, la novela responde claramente esas dudas. Además, deja muy claro que ambos líderes políticos habían establecido un pacto de honor para aplastar, física, moral y políticamente a sus antiguos discípulos, Peña Gómez y Fernando Álvarez Bogaert, candidatos a la presidencia y la vicepresidencia por el PRD en las elecciones del 1994 y 1996.
Parece que finalmente el juicio de la historia deja al descubierto muchas llagas en estos dos personajes, convertidos casi en santos por sus seguidores, sobre todo los de Bosch, a quien se consideraba un “intocable” por aparente desprendimiento y su probada dedicación a las artes y el humanismo.
Ojala que los dominicanos y latinos residentes en el área triestatal tengan la oportunidad de adquirir prontamente esta joya literaria, escrita por el más leído y respetado escritor dominicano del momento.