¿TE ACUERDAS DE ALEJANDRINA?
Estaba tan embarrada de aquel lodo cloacal, que terminó hundiéndose en él.
Cuando salió a la luz aquel fraude sobre el agua sucia que servían en el desayuno escolar, no fue la empresa, sino la misma Secretaria de Educación, la primera en salir al frente, asegurando 100% la calidad de un producto que todo el mundo sabía que no servía.
Se plantó en su posición de cancerbera de la estafa; soberbia y agresiva, como cacáta espantá’, insultó periodistas, contrató paleros, compró bocinas, pagó periódicos enteros para tapar el sol con un dólar.
Pasaron los días y las noches, aparecieron los estudios, las declaraciones, las investigaciones; los testimonios de escolares, profesores, nutricionistas, ganaderos, y Alejandrina, campante y sonante, seguía empecinada y arrogante, insultando a todos los que le preguntaban por la malaleche.
Vinieron las pruebas, los reportajes de Nuria la valiente, las protestas, y finalmente, se le dio el último empujón: un juicio político y moral que la condenó
Se quedó, hasta nuevo aviso, con la mansión de ensueño de Jarabacoa, con las ganancias, y con una Secretaría en desuso. Pero, aunque no está donde debiera (en Najayo), al menos tenemos el consuelo de saber que no volverá a subir cabeza, a insultar a este país y a negociar con la salud y la vida de los niños dominicanos.







